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Crónicas de escritura de guion (III): "Liubliana" (Héctor Palma, proyecto en desarrollo)

Posted on 17th Jun 2020

Tenía tiempo sin ver a Arlette Torres. Hace algunos años, coincidimos en un pase de Cenizas eternas (Cadenas, 2011) en el Pequeño Cine Estudio de Chamberí. Después de la proyección, conversamos en un café cercano. Nos pusimos al día sobre asuntos laborales (y existenciales) y evocamos las peripecias de amigos en común. Como es habitual, el nombre de Willy McKey apareció en la tertulia. Enviamos el selfie desde mi teléfono. Minutos después, el agitador cultural respondió con un entrañable GIF. Horas más tarde, de regreso a casa, me envió una nota de voz. “Edu, no es casual que me escribas hoy. Estoy reunido con un pana al que le gusta mucho tu libro Liubliana y quiere hacer la película. Te dejo su contacto. Se llama Héctor Palma”.

Cuando conocí a Héctor estaba más oscuro de lo habitual, retraído y apático, recluido en mi particular torre de Mordor. El contraste entre nuestros temperamentos es espléndido. Palma es un tipo simpático, entusiasta y un visceral optimista, por lo que nuestra colaboración siempre ha tenido un singular componente de paradoja. En una visita a Caracas, durante la exhibición de Vivo, el musical en el BOD, nos conocimos personalmente y decidimos hacer la película. A partir de ese momento, comenzó el intercambio intenciones; trazamos un plan tentativo de escritura y evaluamos las dificultades de adaptación de una historia como Liubliana. La película está en una fase germinal. El proyecto está verde, muy verde. Todavía falta tiempo para que podamos levantar algo parecido a una preproducción o fijar un cronograma de desarrollo. Hace unos meses, terminamos una primera versión de guion que se encuentra sometida a revisión crítica, relecturas e intervenciones sustanciales. Creo, sin embargo, que encontramos una de las piezas más difíciles de los procesos de adaptación: la estructura.  Ya sabemos cómo y desde dónde se contará la historia de Gabriel Guerrero.

Toda escritura colaborativa debe fijar unos referentes estéticos. Antes de hacer la primera escaleta, le pregunté a Héctor cuáles eran sus películas predilectas, hablamos de lecturas afines y directores admirados. Un error habitual en los procesos de coescritura ocurre cuando cada una de las partes tiene una visión diferente del proyecto. Si los gustos o expectativas son radicalmente diferentes es difícil llegar a un acuerdo. La comunicación abierta, desde el primer día, es la mejor estrategia para evitar este tipo desencuentro. Hasta la fecha, la sintonía creativa con Héctor ha mostrado varias afinidades. El guion definitivo, sin embargo, continua en el horno.

No hay mucho que decir sobre Liubliana, la película, porque hemos avanzado poco. El proyecto está en construcción. Héctor ha convocado a un primer crew con el que desarrollar un brochure para aplicar a distintos fondos de desarrollo. Tenemos algunas ideas sobre un reparto ideal, redacté la primera versión del guion con algunos rostros en mente, pero el director tiene la última palabra. Las estrategias de coproducción con España y Eslovenia también están esbozadas sobre la mesa, pero para llegar a ese punto todavía queda mucho camino por recorrer.