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Crónicas de escritura de guion (I): "Jezabel" (Hernán Jabes, 2020)

Posted on 8th Jun 2020

 Hernán Jabes dirige a la joven actriz Eliane Chipia.

“Creo que esta película es para mi socio”, me advirtió Rodolfo Cova cuando, en el invierno de 2014, conversamos por primera vez sobre la posibilidad de adaptar al cine mi novela Jezabel. La casa productora Factor RH, hoy desaparecida, acumulaba una serie de proyectos exitosos, nacional e internacionalmente. Rodo me contó que Hernán estaba en busca de argumentos para hacer un nuevo largometraje de ficción. Semanas más tarde, nos presentó por e-mail.

Escribir a cuatro manos es un ejercicio complejo. No siempre sale bien, pero cuando funciona la experiencia es plenamente formativa y satisfactoria. La confianza entre las partes es un requerimiento esencial. Los egos estorban. La invención conjunta requiere madurez, frontalidad, honestidad, claridad en las ideas y, sobre todo, buen humor. No recuerdo haber tenido discrepancias estéticas con Hernán Jabes para la escritura de Jezabel. No hubo desencuentros creativos en la elaboración del guion. Discutimos mucho, sí, pero siempre lo hicimos en beneficio de la historia y de los personajes en conflicto. La coescritura fluyó con naturalidad, sin trabas. Nuestros inconvenientes fueron operativos, pero no artísticos. Muchas veces, los husos horarios nos obligaron a trabajar en condiciones adversas; la calidad de la conexión a Internet saboteó incontables jornadas de lectura. La primera versión la cerramos en un corto plazo. Comenzó, entonces, la fase de intercambios, tachaduras, modificaciones, ajustes, preguntas. El documento pasaba varias semanas con Hernán y luego regresaba a mi escritorio saturado de marcas: “¿Por qué?”. “Esto no va aquí”. “Redundante”. “Esta imagen se repite mucho”. “Me preocupa esto, me preocupa aquello”. Nos preocupaba, sobre todo, el conflicto interior de nuestro protagonista, Alain Barral.

Porque Jezabel es un thriller psicológico. La psique mortificada de Alain es el núcleo del argumento. No develaré el contenido de la película, pero sí puedo hablar de las condiciones en las que apareció el libro. En 2011, Mónica Montañez me invitó a participar en la colección de novela negra Vértigo, que coordinaba con el apoyo del sello EdicionesB. No tenía un manuscrito, pero sí tenía una idea. Soy un lector compulsivo de novela policial. Me fascina el género, pero esa fascinación conlleva un inmenso respeto. Resolver un crimen es más difícil de lo que, constantemente, sugiere el imaginario televisivo. Tenía los personajes. Tenía un asesinato y tenía una protagonista, la oficial del CICPC, Briseida Morales. La víctima era la joven Eliana Bloom, fallecida en extrañas circunstancias en su apartamento de Terrazas del Ávila. Briseida investigaba el homicidio, ataba cabos y recogía testimonios de testigos y sospechosos. El resultado literario fue deficiente, no me sentía cómodo con esa formula narrativa; tenía la impresión de que estaba haciendo un trabajo periodístico, más que artístico, cargado de clichés. Algo fallaba en la exposición, en la forma, lo que me resultó muy frustrante. Leí varios ejemplares de la extinta revista PTJ, revisé webs y foros policiales, quería empaparme de la jerga, conocer el entorno y los procedimientos, pero en algún momento tuve que reconocer que Briseida Morales era un personaje fallido. Lo curioso fue que, mientras crecía mi disgusto por ella, los sospechosos y potenciales victimarios me parecían más interesantes. No me gustaba narrar desde Briseida, pero disfrutaba redactar las escenas en las que aparecía el grupo de amigos de la difunta: Flema, Lorena, Carmen y Alain. Comenzaba a hablar desde Briseida y terminaba con ellos, en alguna fiesta juvenil, reunión casera o tertulia rave. La revelación ocurrió de madrugada, después de un mal sueño: ¿y si son ellos los que cuentan la historia? Y ese fue el origen literario de Jezabel. El argumento era el mismo. El crimen era el mismo que el que había esbozado en mi primera versión, pero decidí contarlo desde otro lugar. La trama ya no sería develada según un modelo detectivesco clásico sino abordada desde las incertidumbres de los sospechosos. Me sentí cómodo con la idea. Briseida quedó reducida a un par de líneas y Alain se apoderó de la narración. En poco tiempo, terminé la novela.

Esa fue la historia que le interesó a Hernán Jabes y que, junto a un comprometido equipo de profesionales, logró rodar en Caracas en el transcurso de 2018. Adrian Geyer, director del documental “Juan” (2019), asumió las labores de producción. La fotografía estuvo a cargo de Gerard Uzcátegui, quien le brindó a la oscuridad credenciales de personaje de carácter. El equipo artístico hizo un trabajo sobresaliente. Desde que Hernán me mostró los teasers de Gabriel Agüero no tuve dudas sobre la fisionomía de nuestro malogrado héroe. La simetría entre el actor y el personaje imaginado era perfecta. Agüero deslumbra por su angustia interior, su fractura emocional, su fragilidad y su indolencia. Me dio mucha alegría saber que, sin proponérnoslo, le escribimos un personaje a mi admirado Erich Wildpred. Tendría 13 o 14 años cuando lo vi por primera vez en Un sueño en el abismo (Lucién, 1991); le seguí la pista en algunas obras de teatro en Rajatabla (recuerdo su caracterización en Israfel junto a Daniel López) y, desde entonces, me ha parecido un actor formidable. Cuando Hernán me comentó que Erich interpretaría a Salvador, compañero y némesis de Alain, la satisfacción estética fue absoluta. El vínculo entre estos dos actores es una de las fortalezas de la puesta en escena, pero Jezabel tiene otro punto de apoyo, un mérito intuitivo del director y un acertado trabajo de casting. Como novelista de oficio, sentí un visceral arrobamiento cuando me di cuenta de que mis personajes más queridos habían sido abducidos por tres jóvenes y talentosas actrices que los reconstruyeron con su talento, sensibilidad e inteligencia. Eliane Chipia (Eliana), Johanna Juliethe (Loló) y Shakti Maal (Cacá) estremecen la escena. A estas alturas, no puedo imaginar (ni recordar) la novela sin la ferocidad, gestualidad y conflictos de este soberbio trío. También actúan César Augusto Cova como  Flema, Armando Cabrera como el atribulado padre de Lorena, Héctor Manrique (Rafael) y mi admirada Diana Volpe, quien interpreta a Alfonsina Mathinson.

En 2019, Jezabel recibió un fondo de postproducción en México lo que, entre otros beneficios, permitirá que la película tenga un recorrido en ese territorio. La llegada del Covid-19 trastocó el cronograma postproducción y distribución por lo que no tenemos una fecha concreta para el estreno. La coescritura con Hernán (mi segundo largometraje como guionista) fue una experiencia dinámica y formativa con la que tenemos inmensas expectativas.

 

Parte de la ficha técnica

Director: Hernán Jabes  / Guión: Hernán Jabes y Eduardo Sánchez Rugeles 

Director de Fotografía: Gerard Uzcátegui 

Elenco: Gabriel Agüero, Erich Wildpred, Eliane Chipia, Johanna Juliethe, Shakti Maal.