Logo de Eduardo Sanchez Rugeles: Historietas, fraudes y mudanzas

In memoriam, Jairo Ortiz (1997-2017)

Posted on 7th Apr 2017

“El sacrificio de nuestra patria se ha consumado: ya todo está perdido
y, si nos perdonan la vida, solo nos servirá para llorar nuestra desgracia e infamia”.
Las últimas cartas de Jacopo Ortis. Ugo Foscolo.

 

Ayer, una bala perdida (perdida entre otras balas) acabó con la vida de un muchacho de diecinueve años; se llamaba Jairo Ortiz. Cuentan los testigos que los asesinos le dispararon por la espalda, se cebaron con su juventud en defensa de una Revolución fracasada y absurda.

Las redes sociales no escapan a las ironías de la fortuna. Las vidas virtuales permanecen intactas, a pesar de las contingencias. Los perfiles de Twitter e Instagram de Jairo Ortiz presentan la figura de un héroe romántico, aficionado a las Letras, la fotografía y la arquitectura, disciplina a la que describe (en un tuit fijado cuatro días antes de la caída) como un arte silencioso “que se genera pensando y plasmando un sentimiento, generando una obra maestra que llora y nadie escucha”. Las formas expresivas de Jairo, tanto en ciento cuarenta caracteres como a pie de foto, poseen la intensidad y la inocencia de un Werther, un Eugenio Oneguin o un Jacopo Ortis (personaje con el que, curiosa y fonéticamente, comparte apellido). A lo largo del camino, aparece una destinataria de nombre literario, con la que mantiene una correspondencia amorosa y cuya belleza celebra en arrebatos líricos que develan su sensibilidad poética. A pesar del entorno, Jairo no estaba contaminado por el desprecio; no existe el menor asomo de vileza ni ruindad en su vasto testamento virtual. El legado de Jairo nos obliga a preguntarnos cuál puede ser el destino de un país que asesina a mansalva a sus jóvenes poetas y premia a los criminales con cargos directivos en las instituciones que imparten Justicia. Si seguimos sus huellas con atención, cada palabra de Jairo intimida y duele.

El malestar es hondo e incurable. La tristeza no prescribe. Una vez más, la vida de un joven estudiante fue quebrantada por la ignorancia armada, por una banda de gendarmes que recibieron cerebro por error y corazón por defecto. Si las historias antiguas sobre los premios y castigos son verdaderas, muchos funcionarios del SEBIN, PNB y GN tienen garantizada una plaza en el infierno.

 

A los familiares de Jairo… estas palabras inútiles, una sonrisa triste frente a la foto de la playa y un respetuoso silencio.