Logo de Eduardo Sanchez Rugeles: Historietas, fraudes y mudanzas

Apuntes sobre Vivo-El Musical

Posted on 18th Jul 2015




Pasé mucho tiempo en el laberinto. La reflexión cotidiana sobre el gentilicio roto envileció mi voluntad y, entre otras cosas, sacrificó el sentido del humor. El año pasado, asediado por las noticias (las ciudades en llamas, los estudiantes ofendidos, la indiferencia del mundo, el desparpajo de las bestias), aposté por la idea del suicido virtual. La soledad absoluta, sin embargo, fue una terapia fallida. La memoria de Venezuela es obstinada; aparece de improviso, empuja, grita. La intención saludable de querer vivir la vida de espaldas al origen, a la tierra yerma, confronta la idea del compromiso y convierte la cotidianidad en un dilema. Por esos días, de manera inesperada, apareció un viejo amigo del colegio con una curiosa propuesta. Carlos Rivas, veintitantos años después de nuestro último encuentro, me llamó por teléfono para contarme que quería producir un musical sobre Guaco. “Y quiero que tú escribas el guión”, afirmó con la convicción de un Corleone.

Ocurrió a mediados de mayo, cuando la indignación y los escombros se arrejuntaban bajo los muros de la patria mía. La propuesta de Carlos Rivas despertó mi interés. La intuición ejerció su derecho al voto. No me di cuenta, entonces, que esa decisión impulsiva sería un eficaz ejercicio de salvamento. La escritura del musical representó un cambio de paradigma. La invención de la trama resolvió muchas de las incógnitas que no había sabido confrontar desde mi radical encierro. El cancionero de Guaco puso fin al malestar. Una madrugada de verano, tomé un bolígrafo, un cuaderno y algunas cervezas. Spotify y YouTube dictaron la clase magistral. Antes del amanecer, había trazado el argumento de lo que, más adelante, se convertiría en “Vivo”.

“Vivo-El Musical” no es una biografía. Los historiadores de la cultura son los responsables de contar la fascinante peripecia de la banda, desde sus años de formación en el Conjunto Gaitero Estudiantil Los Guacos del Zulia (1964) hasta los hallazgos de Presente Continuo (2014). La intención de “Vivo” es mucho más discreta. Nuestra apuesta se centra en el valor memorialista de la música, en el significado que la gente común otorga a cada melodía. El tema de la obra es la permanencia de las canciones de Guaco en el imaginario de los hombres y mujeres de Venezuela. La banda ha sido testigo de excepción de nuestra historia contemporánea. Su permanencia en este escenario cambiante y convulso es un ejemplo —casi inédito— de vocación, oficio y perseverancia. La agrupación de Gustavo Aguado representa, además, la educación sentimental de sucesivas generaciones. “Vivo” pretende recoger una pequeña parte de ese legado. El musical cuenta la historia de una familia. Aldo (Cayito Aponte), el padre, es un inmigrante italiano enamorado de su tierra de adopción; Natalia (Mariaca Semprún), su única hija, es la incomprendida heredera de un universo que no reconoce ni entiende; Antonio (Rolando Padilla), maestro de ceremonias, es el encargado de contar su historia a través de las canciones de Guaco.

La redacción de la pieza tuvo algunas exigencias metodológicas. El musical es un discurso complejo al que no soy aficionado. No suelo empatizar con las historias narradas a través de melodías o coreografías estilizadas. En la búsqueda de una estructura convincente, el cine clásico fue mi fuente primaria. Siempre he confiado en el beneficio de las influencias por lo que, desde El Mago de Oz (Víctor Fleming, 1939) hasta Los Miserables de Hooper (2012), hice un repaso riguroso por las películas más representativas del género. Cabaret de Bob Fosse (1972) me dio algunas pistas. Las respuestas estaban apostadas en la barra de un viejo bar, el Pastelero. La acción ocurriría en ese lugar. En octubre del año pasado, terminé la primera versión de “Vivo”.

El montaje cuenta con un excelente equipo de profesionales. El director, Oscar Gil, convirtió el borrador en una sólida pieza de teatro; los excesos de prosa literaria (y otros vicios de novelista bruto) fueron subrayados en su lectura e interpretados según las necesidades de la puesta en escena. Los argumentos musicales correspondieron al compositor y arreglista José Alfonso Quiñones. En noviembre, en el marco de la presentación de mi novela Julián, tuvimos un primer encuentro. La sintonía fue espontánea, inmediata. La tertulia puso sobre la mesa distintos aportes, críticas, sugerencias y refutaciones. Los personajes, poco a poco, fueron ganando cuerpo, rostros, voces, tonos. Imaginamos un primer elenco. Regresé a Madrid con la certidumbre de que los artistas recibirían la propuesta. Semanas después de la reunión recibí la noticia: Mariaca Semprun, Rolando Padilla y Cayito Aponte formarían parte de la experiencia “Vivo”. Un equipo de músicos virtuosos también confirmó su fichaje (dirección musical y bateria, Adolfo Herrera; piano y teclados, Pedro López; bajo, Diego Paredes; guitarras, Rubén Márquez; percusión, Yonathan "morocho" Gavidia y, en la trompeta, José Ramoncini). Para este dramaturgo primerizo, resulta estimulante, en gran medida, saber que aquel solitario proceso de invención, se convirtió en materia de trabajo para este grupo de personas de superlativa vocación y talento.

No me queda más que invitar a los amigos y lectores que, amablemente, siguen esta página a asistir a la obra. Pasado el tiempo, reconozco que la propuesta de Carlos Rivas me sacó del Averno. El discurso celebratorio de Guaco, la alegría de vivir que despide cada canción, invadió los espacios privados de este “romántico tardío, salvado por el cinismo” (Cioran dixit) y me permitió escribir una obra en cuyo desenlace hay lugar para la palabra esperanza. En “Vivo”, la oscuridad se disipa.

E. 

TEMPORADA 1: 20-30 de agosto de 2015

LUGAR: Centro Cultural Chacao

HORA: 7:00PM.

ENTRADAS A LA VENTA: TicketMundo y taquillas del teatro.