Logo de Eduardo Sanchez Rugeles: Historietas, fraudes y mudanzas

#MementoMori: Un vals y Nina Simone

Posted on 25th Oct 2013

July Delpy

En 1955, Alfred Hitchcock (1899-1980) utilizó el pasillo de un tren como lugar de encuentro entre un psicópata y un deportista de élite que fantasea con la idea de asesinar a su esposa. Años más tarde, Richard Linklater (1960-) también adoptó el motivo de los extraños en el tren, pero lo hizo con una intención inofensiva y romántica. Aquellos que, por asuntos de azar, tuvimos la oportunidad de ver Before Sunrise (1995), Before Sunset (2004) y Before Midnight (2013) de manera cronológica (con sus esperas, teaser e hipótesis) nos acercamos a cada entrega con ansiedad proustiana. Peter Biskind, en su clásico estudio sobre el cine independiente de los años noventa (Down and Dirty Pictures, 2004), sugiere que el artificio de las décadas, más que una propuesta estética del director, tuvo mucho de accidente. Según esta versión, Linklater tardó diez años en conseguir un productor para la segunda parte. Nadie quería hacerla. “Tener buenas críticas y ser un director independiente respetado importa una mierda a la hora de conseguir financiación”, alega Ethan Hawke al respecto (citado por Biskind). En el caso de la trilogía, el desencuentro burocrático resultó favorable. El paso del tiempo es una de las fortalezas del argumento. Un Before sunset de 1998 habría sido, sin duda, algo… diferente.

La historia de Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Judy Delpy) está cargada de Mementos. El encuentro en Shakespeare and Company; la puesta de sol en el bar de la costa, los diálogos interminables de la madrugada vienesa, la discusión en el hotel. Me quedo, sin embargo, con el final de la segunda entrega. Todo lo que ocurre en el apartamento: la interpretación unplugged del vals (let me sing you a waltz / Out of nowhere, out of my thoughts / Let me sing you a waltz /About this one night stand) y el baile de July Delpy imitando los movimientos de Nina Simone.